Constantemente, a cada momento, nos están ocurriendo cosas. La vida es un conjunto de hechos, situaciones que nos hacen tomar un camino u otro. Decisiones que cada día nos van configurando a la vez que vislumbran el camino. En cierto modo, al ver la vida desde un plano superior parece que estamos supeditados a estos hechos, a las continuas circunstancias. Sin ejercer ningún control sobre lo que nos va sucediendo a diario. Sin embargo, tenemos pleno control de todo aquello que nos sucede, independientemente de si ha sido provocado por ti o ha sido el entorno. En este momento, tú como lector, puedes elegir seguir leyendo o parar y ponerte a hacer algo más útil.

El emperador romano Marco Aurelio dijo: “si te sientes dolido por las cosas externas, no son éstas las que te molestan, sino tu propio juicio acerca de ellas. Y está en tu poder el cambiar este juicio ahora mismo“. Una máxima que debemos plasmar en nuestros material genético. Estas cuatro máximas y estas otras, son algunos de los aprendizajes de su filosofía, en este caso por su compañero Epicteto.

Entonces, volviendo al primer párrafo y dándole un toque más realista, todo aquello que nos sucede está filtrado por las actitudes y decisiones que empleamos para digerir los hechos.

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Actitud hacia el optimismo

Partiendo de la base de que todos debemos y tenemos que darle un sentido a nuestra vida, nos acercamos al término optimismo. Éste y su importancia fue puesto a prueba por el psicólogo C.R. Snyder de la Universidad de Kansas, entre los alumnos de dicha universidad. La conclusión a la que se llegó el rendimiento académico depende más de la actitud que del coeficiente intelectual. Aquellos alumnos con más actitud y optimismo (evaluados a través de un test especial) eran la gran mayoría de los que obtuvieron mejor rendimiento. Aquellos que sólo sacaron buenas notas en el S.A.T. (Scholastic Aptitud Test; la selectividad nuestra), test con una elevada correlación con el coeficiente intelectual,  fueron superados por alumnos que le superaban en ganas, por decirlo de forma clara.

El autor concluye: “los estudiantes con un alto nivel de expectativas se proponen objetivos elevados y saben lo que deben hacer para alcanzarlos. El único factor responsable del distinto rendimiento académico de estudiantes con similar aptitud intelectual parece ser su nivel de expectativas“.

Daniel Goleman define a esta actitud como Inteligencia emocional, que básicamente es: “la capacidad de motivarnos a nosotros mismos, de perseverar en el empeño a pesar de las posibles frustraciones, de controlar los impulsos, de diferir las gratificaciones, de regular nuestros propios estados de ánimo, de evitar que la angustia interfiera con nuestras facultades racionales y, por último –pero no, por ello menos importante–, la capacidad de empatizar y confiar en los demás“.

Se han hecho varias investigaciones sobre el éxito y el carácter. Es un error buscar el placer inmediato, el premio rápido y sin valor. Saber esperar y visualizar una recompensa mayor es clave para el éxito en cualquier de las facetas personales (trabajo, dinero, familiar…).

En 1972 se analizó la capacidad de diferir y fue la primera vez que se utilizó “la prueba del bombón”. Consiste en analizar si el niño prefiere recibir un bombón ahora o la posibilidad de recibir dos veinte minutos más tarde. Seiscientos niños entre los cuatro y séis años. En 1988, el doctor Walter Mishel volvió a entrevistar a los participantes y vio que los que eran capaces de diferir la gratificación eran más competentes que los demás. Interesante. Veamos más estudios.

En 1990 otro estudio demostró que existía una correlación directa entre la capacidad de diferir la gratificación y los resultados obtenidos en la pruebas de acceso a la universidad. Y no hace mucho, en 2011, otro estudio indicó que esta capacidad perduraba toda la vida.

Los resultados son sorprendentes pues aquellos que son pacientes y difieren obtienen los mejores resultados en numerosos parámetros que miden el éxito en la vida: trabajos mejor pagados, menor adicción a las drogas, mejores notas en los exámenes, mayores logros educativos o mejor integración social, entre otros.

Podemos decir que diferir es el camino científico del éxito.

Las notas en el colegio o los resultados en las pruebas de acceso a la universidad tienen menos importancia para el éxito en la vida que la capacidad de diferir las gratificaciones o la de concentrar la atención. Estas habilidades son mucho más importantes para el éxito en la vida – todos los datos así lo demuestran – que el cociente intelectual o las notas académicas“. Richard Davidson, neurocientífico.

5 CLAVES PARA MEJORAR TU INTELIGENCIA EMOCIONAL

Según el trabajo de Daniel Goleman en Inteligencia emocional, se pueden extraer cinco claves para un mejor conocimiento de nosotros y de los que nos rodean:

  1. Sea consciente de sus propios sentimientos y de los sentimientos de los demás. Busca el por qué de cada sentimiento. Es muy fácil caer en el error de calificar inadecuadamente los sentimientos: orgullo con satisfacción, irritabilidad con tristeza, enfado con furia.

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El método STOPP SPA puede ser de ayuda:

  • Los Sentimientos sirven para reflexionar, para reconocer el problema real.
  • Tengo un problema. Independientemente de quien haya sido el culpable, el problema existe y se debe admitir. Todo tiene solución.
  • Los Objetivos ayudan a clarificar el camino. Es importante establecer metas, pero más importante es saber cómo llegar a ellas (6 claves para conseguir tus objetivos).
  • Piensa, luego actúa. Plantéate, “¿qué puedo hacer al respecto?”, “¿he hecho todo lo que está en mi mano?”. Cuantas más soluciones plantees, más probabilidades de éxito.
  • Prevé el resultado. Visualizar las consecuencias, facilita el camino y acolcha el impacto de un resultado negativo.
  • Selecciona primero la mejor opción.
  • Planifica: problemas y sus soluciones, elementos que controlas, elementos que no dependen de ti…mientras más detallado se tu plan menos cabida al error.
  • Advierte qué ha sucedido. Analiza los resultados y repite el método. Simplificando mucho, es cuestión de perseverar (aquí tienes mi método).

2. Muestra empatía y comprenda los puntos de vista de los demás.

3. Haga frente de forma positiva a los impulsos emocionales y de conducta y regúlelos.

4. Plantéese objetivos positivos y trace planes para alcanzarlos.

5. Utilice las dotes sociales positivas a la hora de relacionarse.

Acabo de nuevo con una máxima estoica de Epicteto: “No depende de nosotros el ser ricos, pero sí el ser felices. Además, las riquezas no son siempre un bien, porque suelen ser poco duraderas. En cambio, la felicidad que proviene de la sabiduría perdura siempre“.

Como nada perdura para siempre, mejor relativizar.

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